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Que lo único que no se apague sea la esperanza

Que lo único que no se apague sea la esperanza
22/08/2019
Lunes 19 de agosto de 2019, 15:12 h de la tarde. El humo invade los cielos de la ciudad brasileña de Sao Paulo, donde anoche dos horas antes de lo previsto. A esa misma hora, los incendios de Gran Canaria siguen ardiendo sin control. Lo mismo ocurre en Siberia, donde el humo que cubre esta región rusa es ya más grande que toda la superficie de la Unión Europea. 
 
Las sobrecogedoras imágenes del pulmón del planeta ardiendo llegan estos días a nuestras redes sociales y medios de comunicación. Lo cierto es que este 2019 está siendo un año negro para Brasil. Según el Instituto Nacional de Investigación Espacial de Brasil, se han detectado 72.843 incendios en todo el país desde enero, lo que significa un incremento de un 83% respecto al año pasado. 
 
El desinterés y la falta de políticas medioambientales para proteger una de las zonas más importantes para el futuro de nuestro planeta, puede acarrear unas consecuencias catastróficas. Según informa La Vanguardia, Carlos Nobre, autoridad sobre el cambio climático que recibió el premio Nobel de La Paz en 2007, advirtió que, al ritmo actual de deforestación, en 20 o 30 años, en las zonas sur y este de Amazonia (lo que representa entre un 50-60% de la selva actual) podría convertirse en sabana degradada. 
 
La expansión de la ganadería para la producción de cuero y carne es la principal causa de esta deforestación. El 70% de las zonas devastadas en Brasil son ocupadas por ganado, según Greenpeace. Desde 1970 se ha perdido en Brasil una superficie forestal más grande que toda Francia.
 
Es justo estos días, cuando nos sentimos impotentes viendo las imágenes de cómo se queman nuestros bosques, hogar de miles de animales en peligro de extinción, que podemos preguntarnos qué podemos cambiar de nuestro día a día para conseguir un impacto positivo en el planeta, por muy pequeño que sea. 
 
Desde coger menos el coche y más la bici, pasando por reducir el consumo de productos de origen animal, hasta exigir responsabilidades a nuestros políticos. Debemos ser conscientes de nuestra propia capacidad de influencia con nuestras acciones diarias. Aunque parezcan insignificantes y pequeñas, solo así podremos conseguir un cambio real. 
 
Sobre todo, que lo único que no se apague nunca sea nuestra esperanza y nuestra voluntad de progreso.